“Desde mi Palacio os digo, mis súbditos, que…”

…estoy bien, ya no se angustien por mí, si yo estoy bien, todo está bien, y por eso, no cambiaremos la estrategia, todo seguirá igual” fue básicamente lo que de dijo el rey de México ayer, desde su gran palacio, atendido seguramente por un gran equipo de médicos, con todos los recursos a su disposición, las mejores medicinas y los mejores equipos. Cuidado como un verdadero rey, desde un palacio de verdad, el presidente de México no ve ningún problema, ningún motivo de preocupación. Todo está bien, porque él se está recuperando. Lo importante es que muchos jefes de estado le mandaron un saludo. Ese fue el mensaje. 

Justo cuando yo estaba viendo el video del rey de México, me llegó un mensaje de WhatsApp en el que un amigo me avisaba que un gran amigo mutuo, exjefe mío en el gobierno, había muerto por COVID. 

En esta semana que pasó murió un tío de mi esposa, mi socia y su esposo tratan de salir, desde su casa, de un terrible momento de zozobra por el virus, y un gran amigo, artista plástico muy conocido, me platicaba con lágrimas en los ojos de las muertes en su familia, y el sufrimiento que les habían ocasionado. Todos tenemos ya historias muy cercanas de muerte y desesperación. Todos hemos estado cerca ya de personas que no encontraban una cama para ser atenidos, y de familias que tuvieron que hacer lo indecible para conseguir un cilindro de oxígeno. La gran promesa de las vacunas se desinfló más rápido que la economía del país, y pinta para ser un desastre total, digno de este gobierno. Pero, no pasa nada, porque en el palacio hay buenas noticias, el rey de México está bien atendido. 

¿Era tan difícil hacer un video en el que se mostrara empático con las miles de familias que han sufrido con la enfermedad y la muerte? “Queridos mexicanos, esta enfermedad es terrible, y yo estoy bien porque tengo la fortuna de ser atendido por un gran equipo de médicos, con todos los recursos a mi disposición, porque soy el presidente. Siento pena y dolor por quienes han sufrido sin ayuda, por quienes han muerto en casa por falta de atención médica, por quienes no encontraron medicinas u oxígeno a tiempo, y por las familias que lo perdieron todo en esta pandemia. Siento dolor por los que no tienen la posibilidad de ser atendidos por los mejores médicos, en las mejores condiciones, porque no son el presidente. A partir de hoy cancelaré los proyectos de infraestructura que utilizan cientos de miles de millones de pesos, y todo lo destinaremos a frenar, ahora sí, la pandemia y la muerte, y para rescatar la economía de las familias de México. Siento su dolor y los acompaño, pero, además, dedicaré mi popularidad y mi poder a salvar lo que queda de su patrimonio y la salud de los que aún la tienen”. Ese hubiera sido un video sanador, imposible de criticar hasta por los más férreos enemigos del presidente. Ese hubiera sido un mensaje de reconciliación y de construcción. De unidad.

En lugar de eso, “Todo está bien, no vamos a corregir el camino”. No puedo esconder mi coraje y desesperanza. Son demasiados los pésames que he dado en los últimos dos meses, y es mucho el miedo que tengo de mi propia familia. El miedo de que mis padres mayores o mi esposa con una condición especial de salud enfermen, se compliquen y no puedan ser debidamente atendidos. Ese pensamiento me congela varias veces al día. Estoy harto de escuchar y hablar del COVID, pero creo que estamos lejos de librarnos de él. 

¿Qué hacemos entonces? Creo que es momento de ponernos serios con la idea de crear verdaderas redes ciudadanas de apoyo. Recuerdo en el sismo del 2017 como se generaron redes para llevar materiales y comida donde se necesitaba. Se generaron apps y plataformas para encontrar muertos y desaparecidos. Se crearon fundaciones para ayudar a los damnificados a recibir las ayudas ofrecidas y demandar a los constructores de los edificios caídos. Se generaron fondos de ayuda en los que todos aportamos, de diferentes formas, para aliviar algo del dolor. Estamos en ese momento. No nos hemos querido dar cuenta, pero esta es una emergencia similar, que demanda el mismo tipo de solidaridad. En especial, porque esta vez el gobierno sacó las manos por completo, y nos dejo solos, completamente solos.

Es momento de poner toda nuestra creatividad al servicio de la sociedad para crear redes de ayuda en 5 temas fundamentales:

  1. Medicinas, material, tratamientos y equipos médicos para quienes los necesitan con urgencia
  2. Médicos y consejos médicos para quienes los requieren
  3. Base de datos, con datos reales, con mapas de fácil uso para encontrar la atención médica requerida
  4. Ayuda económica para familias desesperadas, que requieren un poco de flujo para salir del mes
  5. Empleo para quienes lo han perdido o están a punto de perderlo

He visto ya varias iniciativas personales en este sentido, de grandes heroínas y héroes personales que quieren hacer algo. Es momento de hacerlo todos, de manera coordinada y solidaria. El rey del palacio ya dijo que ellos no harán nada más, pero nosotros no podemos darnos el lujo de abandonar a los nuestros.

Es momento de sacar lo mejor de nosotros. Depositemos nuestro coraje y frustración en las urnas en las elecciones de este año, pero, mientras estas llegan, hagamos todo lo que esté en nuestras manos para aliviar a los que más lo necesitan, para que este país pueda sanar algún día.